Vivo en una población pequeña, que en temporada académica alcanza los 30 mil habitantes, y en época vacacional solo roza los 15 mil. Sin duda, los estudiantes son la vida de este 'pueblito de sueños' porque cuando ellos no están, la ciudad se llena de fantasmas. A los universitarios es común verlos merodeando durante el día y parte de la noche con sus computadores portátiles, imprimiéndole mundo académico a los cafés y restaurantes, cargando libros en sus bicicletas y haciendo ruido con sus estéreos cuando deciden tomarse la noche en una sola rumba.
Desde aquí los sueños parecen no tener límites. Desde aquí todo parece posible porque en medio de tanto ambiente académico y cultural es casi imposible no contagiarse, ilusionarse y seguir desplegando las alas cada vez más y más.
Sin embargo, dejadas atrás las emociones propias que produce un país completamente diferente al mío (soy colombiana y desde octubre de 2008 salí a perfeccionar mi inglés como segunda lengua), continúo intentando comprender el American lifestyle. Todavía trato de encontrarle sabor a los jugos embotellados, a la leche (a veces insípida) y a los huevos. Aún sigo en busca de una explicación al acelere colectivo que tanto caracteriza a quienes aquí viven: todos anda a mil, ensimismados en sus problemas y preocupaciones. Todavía no encuentro el abrigo necesario para cuando el frío de invierno, nuevamente, llege a calar hasta los huesos.
Comencemos entonces a revelar juntos cada fotograma de esta caja de pandora.