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14 de julio de 2010

Yo estuve en Madrid celebrando la Copa del Mundo

Con este texto sobre las celebraciones mundialistas en Madrid, Con Ojos Latinos termina, por ahora, su ciclo futbolero. Seguramente, en un futuro cercano, otros eventos deportivos merecerán la particular mirada de este blog.



Por Moisés Martínez*


Moisés nos cuenta en este post cómo vivió, y sigue viviendo, Madrid la Copa del Mundo. Historia de una celebración caótica vista Con Ojos Latinos.

Madrid no pudo con el primer campeonato mundial ganado por España. No pudo con el júbilo, desenfreno, alegría y caos que millones de madrileños expulsaron de sus almas y corazones luego que el árbitro inglés Howard Webb dio por finalizado el tiempo extra que se jugaba contra Holanda. Cinco minutos antes, ya todo el Paseo de la Castellana y el Paseos Recoletos eran ríos de euforia humana luego del gol de Andrés Iniesta, quien ha pasado de ser el héroe del mejor club de fútbol del mundo (El Barcelona) a ser el héroe de la mejor selección de fútbol del mundo.

Cuando se escuchó el pitazo de Webb estalló el caos jubiloso. Millones se abrazaron, amigos con amigos, novios con novias, desconocidos con desconocidos, no importaba. Muchos jóvenes y viejos cayeron al suelo llorando. No lo podían creer. 80 años de frustraciones futbolísticas estaban siendo expulsados de una sola vez, con la fuerza de una erupción volcánica. Y cuando esto es así, todo puede pasar. Cosas curiosas, como un transexual bailando con sus pechos descubiertos en medio de la Plaza Cibeles, poder correr por las normalmente transitadas avenidas que conectan la Gran Vía, Puerta del Sol o las Puertas de Alcalá sin preocuparse por ser arrollado. No había razón para preocuparse. Era imposible conducir un vehículo dentro de estas calles. Estaban tomadas por los madrileños.

7 de septiembre de 2009

Celebran que tienen trabajo

Cada 7 de septiembre, los estadounidenses celebran el Día del Trabajo. A diferencia de Latinoamérica y Europa, que hacen lo propio cada 1 de mayo, los norteamericanos realizan una pausa en su rutina laboral el primer lunes de cada septiembre para darle paso a su Labor Day.

El ambiente de hoy es particular. Acostumbrada a sentir la velocidad que caracteriza la vida cotidiana de este país, es interesante ver como la rutina de un lunes es lenta. Bancos cerrados, calles sin mayor congestión vehicular, y colegios y universidades vacías. Justo hoy puedo abrir mi ventana y no aturdirme con el ruido propio de las sirenas policiales ni de las cornetas del transporte público.

Además de las tradicionales marchas que los sindicatos, labor unions, organizan en todo el país, la celebración de hoy tiene el miedo como componente adicional. Años anteriores -le escuché decir a una pareja de norteamericanos-, los ciudadanos hubiesen estado dichosos de descansar y no tener que ir a trabajar. Sin embargo, en épocas económicamente hostiles como las actuales es mejor tener los pies y las ganas bien puestos en el sitio laboral, y dejar las vacaciones para después.